Job y el Libro de Job

El Libro de Job del Antiguo Testamento, se considera actualmente, construida su última redacción, entre el siglo VI y el III a. C. Entra dentro de la sabiduría sapiencial, que se extendió por Oriente, incluso antes de Grecia, en Mesopotamia, existe un libro de dos milenios a. C.

Ortega y Gasset, si mi memoria no me falla, decía que este libro era uno de los grandes libros de la humanidad, aunque en su tiempo se pensase que era anterior a la época del clasicismo griego.

– El género sapiencial, es un género muy antiguo, encontramos casos en el Antiguo Egipto se halla las Instrucciones de Ptahhotep, Las Instrucciones de Kagemni o La Disputa de un hombre con su ba. Entre los mesopotámicos estarían Las Instrucciones de Shuruppak que se consideran del segundo milenio a. C. Entre los hebraicos estarían El Libro de Job, Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría, Eclesiástico

Es lógico y racional que se desarrollasen antes de Grecia, lo que se denomina literatura sapiencial o aforística, en mayor grado puramente literaria y moral o protofilosófica, y, en otros casos, puramente religiosa o espiritual o metafísica religiosa, o ambos sentido combinados.

Decíamos que es lógico y racional, porque antes de Grecia, desde que surgió el Neolítico, hace diez o doce milenios a. C., entre muchos cambios que se produjeron, está el nacimiento sedentario de aldeas-pueblos-ciudades, incluso de ciudades Estado, y después imperios. Mantener el orden en tanta población, por ejemplo, Catal Huyuk, entre el ocho mil y el siete mil a. C., podría tener más de diez mil habitantes. Es o era, en su tiempo el Nueva York o el Pekín de hoy.

Para mantener esas ciudades en un orden mínimo, no solo se necesitaba un poder organizado, un poder religioso, un poder militar, sino también un poder legislativo, y desde luego, un poder ético o moral, es decir, diseñar unas normas éticas y morales, refrendadas por la religión del lugar, y también de alguna manera, por la razón o racionalidad humana, diríamos una protoética. Quizás, sin darnos cuenta, que hasta el esplendor de Grecia o los Antiguos Profetas del A. Testamento, o el culmen de Cartago, durante varios milenios antes, no solo surgieron ciudades y ciudades-Estado, sino también imperios. Para mantener esas unidades de organización, todos los saberes que ahora denominamos o creemos que existen, debieron existir, como protosaberes, es decir una protomatemáticas, una protopolemología, un protoderecho, una protoética, una protoreligión, una protoliteratura, etc.

En ese trecho de tiempo, diríamos desde el Primer Neolítico hasta Grecia para mantenerse las primeras aldeas-pueblos, las primeras ciudades-Estado, los primeros imperios, tanto en Oriente como en Medio Oriente, debió de existir unas normas morales. Por tanto El Libro de Job, de forma consciente o inconsciente es heredero de esa sabiduría que durante siglos y milenios, tuvo que ir extendiéndose por el mundo, igual que lo hacía los cambios neolíticos en la agricultura, en la ganadería, los asentamientos sedentarios, etc.

– Pero el personaje de Job y El Libro de Job, nos plantea enormes preguntas, que podríamos indicar que son eternas, que el ser humano se lleva cuestionando. Es diríamos uno de los libros más enigmáticos del mundo, porque se plantea utilizando un personaje, un ejemplo, un modelo, que podría tener una connotación real histórica o ser una leyenda o un mito, o un personaje literario, o la transfusión de un modelo simbólico tomado de una realidad por un escritor. Sea lo que sea nos plantea enormes cuestiones: sobre el bien y el mal, la retribución al bueno y al no-bueno, sobre la predestinación y la providencia de Dios, sobre los planes de Dios y los planes del hombre, sobre la esperanza y la desesperación, sobre el sentido del mundo, si existe Dios o no existe, si Dios interviene en la Historia humana.

Ahora en tiempos de pandemia, cuándo el ser humano, ya se creía un semidios, cuándo creía que todo esto estaba superado, le ha venido a su conciencia personal y social e histórica, un golpe, no solo biológico, sino psicológico, social, cultural, que no sabemos las consecuencias económicas y políticas que tendrá, pero también, las consecuencias antropológicas, psicológicas, morales, éticas, filosóficas, religiosas, espirituales. Porque durante siglos, la humanidad ha padecido epidemias y, de alguna manera estaba acostumbrada a ellas, pero desde la última de 1918, hemos estado casi un siglo sin una pandemia mundial. Las docenas o cientos que durante siglos y milenios se han padecido, ya nadie las recuerda, acaso, a lo sumo, la de 1348 o la peste negra, que esencialmente fue de 1347-1349, con consecuencias enormes para Europa y el mundo.

Para terminar entre los graves errores de la formación europea actual, es que no se lee y piensa la Biblia, como un libro literario o protofilosófico o protohistórico o protoético. Se leen cientos de obras, de segunda o quinta categoría, y se sea ateo o agnóstico o creyente en cualquier religión del mundo, la  Biblia debería ser leída y pensada, para entender, algo más y mejor el mundo, algo más y algo más profundo de nosotros mismos. Es una pena que se lea tanto, de quinta categoría, y las grandes obras literarias y filosóficas del mundo, de todas las culturas, no se lean, entre otras la Biblia.

En un modesto artículo de mil palabras no se puede sintetizar la enorme riqueza de contenidos del Libro de Job, solo puedo terminar haciéndole algunas de sus preguntas: ¿Si el mundo tiene un orden moral o no lo tiene? ¿Sobre el sentido de la vida, si es que tiene sentido? ¿Qué es Dios y su relación con lo humano? ¿Sobre la justicia de Dios? ¿Qué es el hombre y qué debe ser, y,  qué debe esperar de Dios, y qué de si mismo? ¿Tanto a nivel individual o colectivo, a nivel de una época o tiempo, o a nivel de la historia? ¿Las pruebas de Dios? ¿Los que se apropian a Dios en su nombre, para sus fines? ¿Los que justifican el mal por una o mil razones?  ¿El sentido del dolor y del sufrimiento? ¿Cómo consolar a una madre que ha perdido a su único hijo o una hija que se queda huérfana de padre y madre…?

Hay que recordar que según los historiadores, la peste negra, por citar una y la mayor que conocemos, murió en Europa, de media entre el veinte y el treinta por ciento de la población. Es decir, que de momento, el Covid no es nada, comparado a esas cifras. Pero no quiere decir, que una persona más fallecida, ya es demasiado.

Esperemos en el hombre, esperemos en la humanidad, esperemos en Dios, y como ha sucedido durante milenios, iremos superando los retos y tragedias que aparezcan…     

 http://filosliterarte.blogspot.com.es       © jmm caminero (09-14 mayo 2020 cr).

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