He vivido tan poco de Eva Heyman

Eva Heyman, 1931-1944, escribió un diario que se ha titulado He vivido tan poco, vivió en la ciudad de Oradea, actualmente en Rumania-Hungría, y murió en el campo de concentración de Auschwitz, aunque algunos autores indican el de Bergen-Belsen

– Eva tomó su diario como una manera de tener un amigo o una amiga, para contar sus deseos y pensamientos y percepciones y temores más profundos. De ahí, el enorme valor que se ha dado a este monumento a la humanidad.

Yo, no soy judío, y hasta dónde sé, mis ascendientes hasta mis abuelos tampoco, pero supongo que una cultura-pueblo-etnia-ideología que ha sufrido tantas persecuciones a lo largo de la historia, pensarían que esta era una más, que había que aceptarla y adaptarse, y que cuándo terminase la gran guerra, la segunda, pues todo volvería a los cauces de siempre. Pero no fue así, en esta ocasión un “colectivo formada en una locura irracional ideológica, tenían como fin, el exterminio de los once millones de judíos que existían en Eurasia”, cosa que hay que decir, que consiguieron en un poco más de la mitad, seis millones.

Todas las guerras son nefastas, no hay adjetivos para calificarlas, pero ésta, en este capítulo, de la llamada Solución Final, no tiene nombre. Si queremos sobrevivir como especie, no tenemos más remedio, que plantearnos, qué sucedió para que esta realidad se materializase. Para que el eterno deseo, de que no vuelva a suceder, ningún genocidio, sea por una bandera o por otra, en un continente o en otro… Porque, no olvidemos, que los genocidios, existen, incluso en el siglo veinte, en distintos contingentes geográficos y culturales e ideológicos…

Nuestra protagonista narra como le requisaron su bicicleta, y cuenta que habían estado ahorrando un año y medio para comprarla. Quizás, esta realidad, se puede convertir en símbolo y metáfora, de la vida de esta adolescente, de este periodo, y de la injusticia sistematizada. La propiedad es diríamos la cerca que defiende la vida de los seres humanos, sin bienes personales las personas malviven, en el mejor de los casos. En este caso, le quitaron la bicicleta, porque era judía, y después, le quitaron la vida. No estamos hablando, alguno puede pensar, en “grandes capitales o grandes plusvalías”, si prefieren ese lenguaje, sino en una bicicleta, que fue el esfuerzo de muchos meses, de ahorro de una niña, y posiblemente, de la familia.

El procedimiento, sintetizando, para exterminar a este pueblo, con diferencias de zonas y tiempos y personas o colectivos, era evolutivo y en progreso, primero, se reducían sus derechos, en general, oficios y profesiones; después, persecución social o legal o política, en tercer lugar, en algunos casos, sacarlos de sus casas y conducirlos a guettos, en cuarto lugar, podrían pasar por un campo de concentración, intermedio, y al final, el campo definitivo. En todo este proceso, muchos terminaban sus días y sus soles y sus aires y sus sombras. Era un plan sistemático, para que las personas debilitarán su voluntad, y de alguna manera, fueran deseando la muerte, y en el camino fuesen muriendo, por enfermedad, hambre, violencia, etc.

Me he preguntado, que una meta-idea, la solución final, pudo ser deseada o pensada por uno o varias personas, la cúpula máxima de ese poder sociopolítico, pero después, tuvo que organizarse y pensarse, en sus detalles y en todos sus niveles, por varias docenas o centenas de personas, y desde luego, llevarse a cabo, ya por docenas de miles de personas.

Supongo que en esa arquitectura de la muerte, y cuándo hablo de esta persona, de Eva, no solo me refiero a los campos de la segunda guerra mundial, sino de todos los del siglo veinte y, de todas las ideologías, me pregunto, que muchas de esas personas que intervinieron, sobrevivirían a esta guerra o a otras, ¿cómo recordarían esos hechos, en los que tuvieron que intervenir, obligados o no?, ¿cómo sobrellevarían la vida?, ¿cómo podrían mirar a sus nietos o biznietos?, ¿qué sentirían de estos hechos, cuarenta o treinta o sesenta años de participar en ellos?

Murieron entre un millón y millón y medio de niños y niñas judíos. Es decir, de haber vivido, dos o tres generaciones podrían haber sido veinte o treinta millones de personas, sus nietos. No solo se terminó con esta niña, esta Eva Heyman, sino quizás con dos o tres hijos que podría haber tenido, con diez o doce nietos que hoy podrían estar besando el mundo con sus labios y sus manos, como usted o como yo, con sus tristezas y sus alegrías. No es que quisieran acabar con una niña, en este caso, sino con todos sus posibles descendientes. En este caso, lo consiguieron. No es que se saltarán el quinto mandamiento judeocristiano, sino con otros muchos, el de no robarás, el de no desearás a la mujer del prójimo, etc. nos guste o disguste, si la especie humana quiere sobrevivir, más hoy, con el poder tecnocientífico y económico que dispone, si deseamos sobrevivir, debemos plantearnos grandes y graves preguntas, y buscar grandes o pequeñas respuestas y soluciones.

Invito a la lectura de este Diario, e invito a la lectura de un párrafo de la última anotación que hizo nuestra autora, que su sueño era convertirse en ser fotógrafa de noticias de mayor.

Escribe el 30 de mayor de 1944: “[…] querido diario, no quiero morir; quiero vivir, […]. Incluso dejaría que el gendarme bizco, el que nos quitó la harina, me besara, siempre y cuando Nome matarán, solo para que me dejaran vivir”.

¿¡…!?

http://articulosperiodisticosjmm.blogspot.com.es        © jmm caminero (09-10 junio 2020 cr).

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