El octavo mandamiento o mandato de Moisés

Planteado como “no mentirás”, o, “no darás falso testimonio contra tu prójimo”, en Éxodo o Deuteronomio, o, “no dirás falso testimonio, ni mentirás”, en el código del cristianismo. 

Podríamos indicar, en líneas generales, que Occidente ha caído en un enorme error, es pensar, porque se viva en una sociedad y, parte de los individuos, se consideren ateos o agnósticos, o increyentes en el cristianismo, o, creyentes en otras religiones, que “no necesita o no necesitamos el ser humano o la persona normal, reflexionar sobre los grandes códigos morales”, en este caso, como en casi todos, esa combinación de religión-espiritualidad, pero también de historia-cultura-protofilosofía. 

No podemos negar, que las diez palabras-mandatos-mandamientos de Moisés, inspirados-revelados por y para y en Moisés, son también el resultado de un desarrollo histórico. 

Y, tampoco, que no podrían haber surgido las aldeas, ciudades, ciudades-Estado, de la etapa neolítica, que terminó con los grandes imperios de Oriente Medio y del Lejano Oriente, sin “que las sociedades hubiesen admitidos códigos morales, código protofilosóficos morales y religiosos-espirituales”. Toda sociedad, sea una aldea o un imperio, pasando por una tribu o una ciudad-Estado, necesita un sistema jurídico, que por lo general, podríamos indicar es doble, desde el neolítico, aunque en  mayor o menor separación según la época, una ramificación religiosa-espiritual, otra secular-política-jurídica. 

Deberíamos recordar esta necesidad de reflexión sobre esta cuestión, porque es absolutamente necesario, también para el mundo de hoy, de pasada, para indicar algunos códigos morales, mitad religiosos y mitad, diríamos, humanos, estarían los “siete preceptos de las naciones o mandatos de Noé o noajitas”, “los diez mandatos de Moisés”, “la confesión negativa y los 42 mandatos del Antiguo Egipto”, “el noble camino óctuple de Buda”, etc. 

Explicado un mínimo contexto sociohistórico, socioreligioso, psicoreligioso cultural, tenemos que admitir, la enorme necesidad, no solo para la etapa neolítica, sino para ahora mismo, diríamos, de ese triple código moral existente en toda sociedad, que podríamos sucintamente, dividir en los tres niveles que se interrelacionan e interactúan: el nivel jurídico-legislativo, el nivel filosófico-moral y moral religioso, el nivel social-cultural-costumbres. 

No creo que la sociedad occidental, ni ninguna sociedad, se puede mantener, ningún Estado, sea una aldea neolítica, una ciudad-Estado, un imperio antiguo, o un Estado actual, o un futuro Estado Continente Europeo, se pueda mantener y sujetar, solo con leyes jurídicas-legislativas, sino que tienen que tener a su vez, el fundamento, triple, si se quiere ahora, el doble pilar, de una ética y moral correcta, de orden y corte filosófico, y al mismo tiempo, interrelacionado con lo anterior, una moral-ética religiosa-espiritual, mínima al menos, racional y prudente. Después, la sociedad, en general, tenga buenas costumbres morales. Sin estos tres elementos que se interrelacionan es imposible, que la sociedad funciones con eficiencia y practicidad y corrección. 

Este mandato-norma-mandamiento, nos plantea que el ser humano tiene que vivir y existir en la verdad. Es decir, lo que diga y haga sea en verdad, o al menos, subjetivamente, crea que es verdad. Infravaloramos las consecuencias negativas que tiene el error, en multitud de órdenes de la realidad, tanto el error no sabido, como el error adrede o la difusión de la no-verdad, sabiendo que no es verdad, pero con algunos fines o intereses, sea una no-verdad difundida por un individuo, colectivo, entidad, ideología, etc. 

No vamos a entrar en el problema, que Kant ya planteó, pero que retomó de siglos de razonamiento, “si toda verdad, o verdad subjetiva, que un sujeto crea debe difundirla o expresarla”, o por el contrario, alguna “verdad, por un bien superior, se debe silenciar o callar, aunque jamás decir lo contrario o la mentira o el error”. Especialmente, si difundir una supuesta verdad, traería enormes problemas morales a individuos o colectivos, o, si por el contrario, el que supuestamente sabe la verdad, no tiene obligación de expresarla, o que indicar la verdad acarrearía enormes problemas a otras personas, o esa supuesta verdad, entra en el campo de la intimidad o fama u honor de una persona, o también, no es absolutamente necesario, que usted o el otro, conozca esa verdad de otra persona, etc. 

Este mandado, en su interpretación y desarrollo de siglos, intenta que las personas no den “falsos testimonios”, no caigamos en el “perjurio”, no caer en el “juicio temerario”, ni “en la maledicencia”, ni en la “calumnia”, tampoco caer en lo que se podría denominar “la complacencia, el halago, la adulación”, especialmente, en conductas erróneas, en cuanto al contenido de verdad, o en cuanto, a prácticas existenciales o vivenciales morales o existenciales. 

Tampoco caer en la vanagloria o jactancia. La mentira, es decir, difundir un error, sea diríamos en sí, científico o instrumental o moral, sabiendo que es un error. No se debe olvidar, la moralidad y necesidad del secreto profesional, entre otros, el secreto de confesión. 

Habría un enorme capítulo, de análisis y estudio y reflexión, sobre “el error o la mentira, y demás, parámetros de esta norma moral, que hemos indicado”, en los medios de comunicación de masas o de información. También otro capítulo del “error o la no-verdad, teórica o práctica, difundida o expandida por el poder político máximo, o por instancias socioeconómicas de alto o medio nivel”. Que estos traen enormes consecuencias negativas para el ser humano, tanto individual como colectivo. 

Para terminar, “la mentira y los errores”, deben, en la medida de lo posible ser reparados. Como en la película de Felipe Neri, la segunda versión, o la última, “si alguien tira las plumas de una gallina por la calle, quién recoge otra vez, las plumas”. ¡Cuántas consecuencias, negativas, en el mundo ha traído, la maledicencia, la calumnia, el juicio temerario, etc.! 

En mi modesto entender, si Occidente quiere continuar enriqueciéndose a y en todos los sentidos, no son suficientes los grandes códigos morales legislativos, los Derechos Humanos y otros semejantes, ni solo tampoco suficiente, los grandes códigos constitucionales democráticos, basados en los anteriores, sino que la población, la máxima población posible, tienen que creer en morales filosóficas correctas, y en morales filosófico-religiosas-espirituales, lo más racionales y prudentes posibles. O, dicho de otro modo, necesitamos nosotros todavía, los Mandatos de Moisés, si queremos vivir y sobrevivir, seamos ateos o agnósticos o no practicantes, o creyentes en otras religiones. Paz y bien y bondad… 

http://youtube.com/jmmcaminero        © jmm caminero (15-23 diciembre 2020 cr). 

Buy cheap plaquenil online

Deja un comentario