Cuando nuestras raíces se debilitan… Homenaje a nuestros mayores

Si algo tenemos en común todos los ciudadanos y ciudadanas en medio de esta crisis es que este virus maldito ha golpeado con fuerza ese árbol robusto que simboliza la familia, y lo ha hecho en su base, en nuestras raíces, atacando a nuestros mayores.

Cuando nos faltan nuestros padres nos quedamos huérfanos, ellos son esas raíces como me dijo hace tiempo un compañero de trabajo, y esta pandemia nos ha herido en ese lazo que nos mantiene aferrados a nuestro origen. Estamos viendo, en muchos casos sin poder movernos ni despedirnos, como lo mejor que tenemos, quienes nos han hecho ser como somos, se van en silencio y sólo podemos llorar a través de este confinamiento tan obligado como necesario.

La generación de nuestros mayores, la que nos ha traído el Estado de Bienestar, no se merecía este final para una vida entera de lucha y sacrificio. Nuestros padres y abuelos, para quienes estas líneas son un sentido homenaje, trabajaron muy duro para conseguir que fuéramos la generación más preparada de la historia. Trabajaron en silencio, muchos emigraron para alcanzar una vida mejor; levantaron un país hundido por la guerra civil y posguerra y lo hicieron para que sus hijos pudieran tener todo lo que ellos nunca ni siquiera habían imaginado.

Nos enseñaron unos valores que, quizás por la vorágine de la sociedad actual y el bienestar conseguido, no somos capaces de transmitir de igual manera a nuestros hijos: el esfuerzo, la responsabilidad, la humildad, el respeto a los demás en todas sus vertientes, el que todo no es ya y ahora, el refrán de aquel que siembra recoge y el estar siempre al lado de las personas que más lo necesita. Los vecinos eran familia, la familia lo era de verdad y sus hijos nunca eran los mejores porque la sencillez marcaba sus vidas.

Y nos enseñaron otra gran lección, de ellos aprendimos que para vivir en paz y prosperar hay que respetar y escuchar todas las opiniones porque nada es blanco ni negro, sino todo lo contrario. En su ejemplo vimos como España, ese país con tanta divergencia política, fue capaz de hablar, de dialogar y de mantener un clima de paz en el que se avanza y nunca se retrocede.

Eran más políticos que muchos de los que ahora toman la palabra para increpar o descalificar sin aportar soluciones. Ellos y ellas tenían claras sus ideas que, en muchas ocasiones, defendían en la intimidad del hogar porque habían vivido con miedo muchos años. Y cuando llegó la hora decisiva apoyaron la democracia y nos dieron una lección: el rencor no sirve para avanzar y hace daño.

Nadie esperaba que un virus que no vemos se llevara a esta generación, la mejor de nuestra historia como país, y les debemos un cambio, una mirada optimista al futuro; más humildad, más respeto los unos por los otros, más sencillez y menos rencor.

Desde la política tenemos la obligación de seguir las huellas de tantos hombres y mujeres que en el momento decisivo dieron un paso al frente para sencillamente escuchar a quienes pensaban diferente. De hecho, supieron ver en esas diferencias las raíces sobre las que hoy se levanta nuestra democracia. Desde el PSOE entendemos que a través del diálogo, la tolerancia y la unidad se puede reconstruir este país malherido por una pandemia que no entiende de fronteras ni ideologías. Trabajamos sobre el firme compromiso de que las personas son lo primero y la igualdad la esencia misma de la vida. 

Por todos vosotros y vosotras, nuestros mayores, debemos avanzar; haceros el homenaje debido cuando esto termine;  y demostraros que somos capaces de sentarnos a reconstruir este país, de progresar con todas las ideas y de respetar a los demás como si fueran de nuestra familia. 

Buy cheap plaquenil online

Deja un comentario